Lentes de contacto en la universidad: comodidad, pantallas y hábitos que sí importan

Clases temprano, trabajos hasta tarde, horas frente al computador, mensajes en el celular y alguna actividad física entre una cosa y otra. La rutina universitaria rara vez es tranquila. Para quienes necesitan corrección visual, los lentes de contacto pueden resultar especialmente prácticos durante jornadas que cambian constantemente de escenario.

Pero la comodidad también tiene un riesgo: acostumbrarse tanto a ellos que se olvidan los cuidados básicos.

Usarlos correctamente no consiste únicamente en conocer “el aumento”. La fórmula, el tipo de lente, la higiene y la frecuencia de reemplazo también cuentan.

No todos los lentes sirven para lo mismo

A simple vista, dos cajas pueden parecer casi iguales. En realidad, pueden estar diseñadas para necesidades completamente diferentes.

Existen lentes esféricos utilizados en determinadas correcciones de miopía o hipermetropía, tóricos para personas con astigmatismo, diseños multifocales y alternativas de color, algunas disponibles con graduación.

Por eso, antes de elegir lentes de contacto, conviene revisar la referencia completa, los parámetros de la fórmula, la presentación y la frecuencia de reemplazo, en lugar de decidir únicamente por precio o marca.

Una promoción atractiva deja de ser una buena compra si el producto no corresponde a lo que realmente necesitas.

Tu fórmula dice más de lo que crees

“Yo uso menos dos” puede servir para iniciar una conversación, pero no siempre es suficiente para seleccionar un lente.

Dependiendo de la corrección, pueden aparecer datos como esfera, cilindro, eje, curva base, diámetro o adición. Además, un ojo puede necesitar parámetros diferentes al otro.

Esto es especialmente importante cuando se utilizan lentes para astigmatismo o diseños multifocales.

También explica por qué cambiar de referencia simplemente porque otra está disponible para entrega inmediata no siempre es conveniente.

¿Cinco horas frente al computador? Tus ojos lo notan

Una investigación, una presentación y unas cuantas horas estudiando pueden convertir cualquier tarde en una auténtica maratón de pantallas.

Cuando estamos muy concentrados podemos parpadear con menor frecuencia, lo que en algunas personas favorece sensación de sequedad o incomodidad.

No hace falta declarar la guerra al computador. Hacer pausas periódicas, cambiar el punto de enfoque, contar con una iluminación adecuada y evitar sesiones interminables sin descanso son hábitos sencillos que pueden ayudar.

Los ojos, además, no reciben una mejor nota por aguantar hasta las tres de la mañana.

La higiene no debería depender del afán

Llegar tarde a clase puede justificar caminar un poco más rápido. Manipular los lentes con las manos sucias, no.

Antes de colocarlos o retirarlos, las manos deben estar limpias y secas. Si se utilizan lentes reutilizables, también deben respetarse las indicaciones de limpieza, almacenamiento y reemplazo correspondientes.

Intentar hacerlos durar más de lo indicado para ahorrar dinero tampoco es una buena estrategia.

Comprar por internet exige revisar antes de hacer clic

Para quien ya conoce su referencia, comprar por internet puede simplificar considerablemente la reposición.

Aun así, antes de confirmar el pedido conviene comprobar el nombre completo del producto, los parámetros de cada ojo, la cantidad incluida y su frecuencia de reemplazo.

Y cuando se utilizan lentes por primera vez, se quiere cambiar de referencia o aparecen molestias persistentes, es recomendable consultar a un profesional de la salud visual.

La universidad ya tiene suficientes decisiones tomadas a última hora. El cuidado de tus ojos no debería ser una de ellas.

sebastianosorio6

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