¿De verdad la educación es tan importante?

Hace un rato he oído en la radio una entrevista a un responsable de R.A.C.E.

Como es lógico han destacado la importancia de la educación vial para reducir los accidentes de tráfico; incluso han hecho un pequeño test a algunos niños para subrayar aun más el valor de la acción formativa sobre los menores.
Seguramente dentro de poco volveremos a oir a algún responsable de alguna entidad pública o privada hablando del cambio climático. Apuesto a que durante su intervención aparecerá la necesidad de que los educadores nos ocupemos de la cuestión como un factor clave.

Y si se habla de la inmigración, probablemente volveremos a escuchar que falta pedagogía en relación con la cuestión.

Me limito a recordar intervenciones o entrevistas que he oído o leído en el pasado, no estoy practicando la futurología.

Podríamos hacer una amplia lista de cuestiones en las que la educación aparece como un elemento fundamental. Y seguro que nadie duda del valor que tiene como pilar de desarrollo de una sociedad.

Por eso cuando hemos oído a nuestro próximo presidente enumerar las prioridades que van a marcar la acción de gobierno en los próximos cuatro años resuena la ausencia de la educación clamorosamente.

Y teniendo en cuenta que, con todas las discrepancias que pueda despertar y con todos los déficits de sus propuestas que son muchos, Rodríguez Zapatero ha demostrado una sensibilidad social sin precedentes en nuestra democracia y ha demostrado con leyes y hechos concretos que está dispuesto a ocuparse de los problemas de los ciudadanos, cabe preguntarse ¿por qué la educación no está en su lista de prioridades?

¿Será que los datos que tiene le indican que dada la posición que ocupa en la lista de preocupaciones de los españoles no le corresponde un rango de prioridad?

Esto de la importancia de la educación, ¿no será una melodía que repetimos porque suena bien?

Tengo la impresión de que nos preocupa mucho más como un problema individual, el de nuestros hijos, que como uno colectivo -la capacidad del sistema para operar como un factor de desarrollo social-. Y mientras consideremos que el sistema nos resuelve el problema individual, lo demás puede esperar. Que ahora tenemos que ocuparnos de la economía, el paro, la vivienda, la inmigración …

Estoy convencido de que la llegada de la democracia a nuestro país se encontró con una extensa lista de urgencias largamente desatendidas. Pero, ¿cuándo le tocará de verdad a la Educación? Me refiero tal y como hicieron en varios países europeos hace décadas.

Alguien podría recordar que la LOGSE fue aprobada en 1990, que ya le tocó. Pero en mi opinión esta fue una ley moderna y ambiciosa que revolucionó el sistema educativo … sobre el papel. Desde la perspectiva limitada que me proporciona mi experiencia creo que hay muchísimas aulas a las que LOGSE ni siquiera se asomó. O lo hizo los martes a 2ª hora y los viernes a 4ª, con resultados muy desalentadores.

Sirva como dato que empecé a trabajar como docente hace dieciocho años en un centro de “Reforma” que anticipó la LOGSE y viví de cerca todo el proceso de debate, de formación del profesorado, de fugitivos del aula metidos a asesores, de compañeros muy ilusionados que vieron la oportunidad de mejorar honestamente y con mucho esfuerzo los rendimientos del alumnado, y de muchos otros compañeros con absoluto desinterés por modificar su ritual docente.

Viendo lo que queda de todo aquello, no cabe más que tener paciencia porque esto va para largo.
Disculpad, pero es que esto de las vacaciones tiene sus inconvenientes. Le da tiempo a uno a escribir sobre lo que oye y lee.

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